Ética principios y negocios
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A finales del año 2001, una de las más grandes y prestigiosas compañías hasta ese momento, se declaró en quiebra en Estados Unidos y en Europa. Con ella también se hundió la quinta empresa más prestigiosa de auditoría a nivel mundial, la cual, de acuerdo a la sentencia de los tribunales federales de Houston en junio de 2002, fue declarada culpable de destrucción de documentos y obstrucción a la justicia.

En diciembre de 2008, uno de los más prestigiosos hombres en los medios financieros mundiales, fue detenido y acusado de fraude. En junio de 2009 fue sentenciado a 150 años de prisión. Hasta hoy, tiene el triste récord de ser la persona que a manera individual cometió el mayor fraude financiero en el mundo: más de 50 mil millones de dólares.

Los casos de Emron y Arthur Andersen para el primer ejemplo, y Bernard Madoff para el segundo, son algunos de los tantos casos que de vez en cuando (y últimamente con mayor frecuencia) aparecen en las noticias y nos asombran por la relevancia de los nombres de los protagonistas, bien sea de empresas o de personas. ¿Qué lleva a las personas a comportarse de una manera (considerada buena) o de otra (considerada mala)? Hay casos en los que el mal comportamiento o el mal ejemplo son evidentes y no necesitan mucha explicación. Pero hay otros casos donde la definición de comportamiento bueno o malo no es tan evidente y es necesario un mayor cuidado a la hora de actuar o, como está pasando cada vez más en muchas empresas, hacer una consulta con la Unidad de Ética.

Casos como aceptar una invitación a cenar en un restaurante de lujo, recibir una botella de un vino muy costoso, recibir regalos lujosos, entradas para asistir a un concierto o a la ópera, viajes, etc. pueden enmascarar (o hacer creer que existen) sobornos, corrupción, pagos ocultos, y pueden crear fuertes dudas sobre la honestidad de una empresa, un directivo o un empleado. Aceptar un regalo de lujo (un reloj, un billete de avión en primera clase, el pago del alojamiento del hotel, etc.) en medio de la negociación de un contrato puede ser visto como un acto de corrupción o soborno.

Es muy probable que estos actos sean reconocidos tan pronto ocurran pero no siempre existen los mecanismos legales o políticas empresariales que los eviten o desestimulen. Es aquí cuando se pone en evidencia el grado de honestidad de una persona o empresa ya que, aun sabiendo que no hay castigo para un acto poco transparente o que no se sabrá jamás el haber cometido dicho acto, la misma persona (o los mecanismos de la empresa) evita esas actuaciones de poca transparencia.

La honestidad, la reputación y la imagen son algunos de los intangibles más valiosos que tienen las empresas y las personas. Cuidar la imagen desde el punto de vista de honestidad e integridad es hoy en día cada vez más importante y conviene prestar atención a la manera cómo nos relacionamos con nuestros clientes, proveedores, autoridades, etc. No es fácil, ya que muchos actos que nos parecen sencillos y naturales pueden ser interpretados de manera dudosa por nuestro entorno. Por eso es importante estar siempre alerta a la manera cómo nos comportamos y cómo interactuamos con nuestro entorno. Nuestro comportamiento debe ser ejemplar en todo momento y debemos actuar con transparencia y honestidad aun sabiendo que nadie nos verá o que nunca nadie sabrá lo que hacemos.

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